martes, 7 de octubre de 2008

Don Lorenzo, ¡Usted siempre será Don Lorenzo!


Hoy tuvimos el honor de contar con la presencia del – considero yo -, ejemplo viviente del empresario mexicano más importante del siglo XX y del pedacito del siglo presente en el Campus Santa Fe del Tecnológico de Monterrey. Me refiero a Don Lorenzo Servitje Sendra, personaje de constantes luchas y de innumerables triunfos tanto en la vida de las organizaciones como en el medio ambiente de la historia moderna de México.
Nace un 20 de noviembre de 1918 en la Ciudad de México, es decir, practicamente ya un ser humano – en toda la extensión de la palabra -; de 90 años.
No tendría nada de interesante el contar los logros actuales de Grupo BIMBO organización hoy día con más de 91,000 colaboradores, ventas anuales de $ 72,294 millones de pesos, 5000 productos, 100 marcas reconocidas, 34,000 rutas y más de un millón de puntos de venta (Reporte anual al cierre de 2007); y que todo ello le significa ser la segunda panificadora mundial si no entendiérmos a este increíble hombre de negocios pero antes que nada excelente ser humano.
El evento comenzó con la llegada de Don Lorenzo al campus Santa Fe alrededor de las 11: 40 a.m. de hoy y se nos concedió una pequeña entrevista en “petit comité” junto con la escritora Silvia Cherem S. autora del libro publicado este año: “Al Grano: Vida y Visión de los Fundadores de BIMBO”, Khālida editores; el Dr. Enrique Bores Rangel Profesor del Campus Toluca, el Dr. Javier Pulido Cejudo Director de Posgrado en Ciencias del Campus Santa Fe y un servidor. En esta entrevista la conversación verso por 15 minutos más o menos acerca de 3 temas fundamentales:
1. Las lecciones y aprendizajes más importantes en su vida,
2. Consejos a los jóvenes en un mundo de responsabilidad social y desarrollo sostenible y
3. Las habilidades más importantes de un líder.
Podría contestar en un órden exacto pero lo que más se me quedó grabado fue su energía, sus consejos y enseñanzas acerca de la importancia de ser íntegro, conscientes de la responsasbilidad hacia los demás, de la importancia del trabajo fuerte, constante, diario aunado a una austeridad a prueba de todo y de todos; de la reinversión aún a costa y sacrificio de la propia remuneración, el nunca darse por vencido y siempre estar dispuesto como todo empresario a correr riesgos calculados. Sin embargo lo que más me impacto fueron dos cosas:
a) su energía vital que irradia alrededor suyo y
b) su calidad y calidez humana.
Posteriormente tuvimos una hora de reunión plenaria en un auditorio lleno de estudiantes ávidos de conocer su pensamiento y sus ejemplos. El aire se estremecía con este personaje.
Sé por la lectura de este libro y sus propios comentarios que no siempre se sintió satisfecho por su rigidez y por su austeridad, incluso, por la posible falta de atención hacia sus seres queridos – principalmente su esposa -; pero: ¿Quiénes somos para juzgarle? El que él mismo haya aceptado publicar en vida sus memorias y hacernos patentes sus debilidades le engrandece ante nosotros (para muestra la serie de aplausos de despedida de los participantes a este evento – en su mayoría jóvenes estudiantes -); y le enaltece y nos hace comprender que tan sólo es un simple y sencillo ser humano.
¡Qué fácil parece decirlo o expresarlo!
De un hombre que sacrificó mucho de su vida personal en aras de darnos un espacio de reflexión acerca del mundo organizacional moderno y no sólo eso sino de la creación y la sustentabilidad de miles de empleos y de beneficios a nuestra sociedad aunados a una doctrina de responsabilidad social y de esa llamada “mirada social cristiana”.
Hoy tuve la oportunidad, me la concedió; de conocer no nada más al gran empresario sino al magnífico ser humano.
Para terminar este comentario me gustaría mencionarles que una de sus preocupaciones – leía yo practicamente al finalizar en el libro su biografía-, es que al ir envejeciendo, alguien se atreviera a llamarle “Lorencito”, diminutivo de la infancia que tal vez en alguna ocasión y utilizado peyorativamente o que, esa hubiera sido su percepción; le desagrada.
Yo hoy simplemente le digo “Don Lorenzo, ¡Usted siempre será Don Lorenzo!”